2015

año nuevo

Ya está aquí el nuevo año, el 2015. Dicen que el tiempo parece que pasa más deprisa a medida que nos hacemos mayores porque el cerebro tiene menos cosas que aprender y que la monotonía juega un papel importante en ello. Es decir, como de pequeños somos como una esponja que no para de absorber, el cerebro percibe el tiempo de forma distinta. Un día casi igual al siguiente y también al posterior —monotonía— sin nada nuevo que aprender o vivir, nos crea la sensación de que el tiempo ha pasado demasiado rápido. Es inevitable.

Es desconcertante. Mirar atrás y ver que el 2014 se ha desvanecido me da qué pensar. ¿Habré vivido lo suficiente durante los últimos 365 días o he estado rascándome la cabeza viendo como iban cayendo, día tras día, las hojas del calendario?

Es el momento en que todo el mundo, menos los chinos y otras civilizaciones que viven bajo otros calendarios, se marca unos propósitos para el año nuevo. Para empezar diferente, no tomé las 12 uvas tradicionales de esta parte del globo. Fue mi primer acto de rebeldía en contra de lo establecido y el seguir estancado en lo mismo de siempre. Si realmente existe lo que dicen las habladurías y supersticiones varias, decidí que yo iba a ser el único responsable de mi propia suerte y no siguiendo con la tradición. Eso me reconforta, tener el mando, tener el control. ¿A cuántos se les habrá helado la sangre pensando que van a tener un mal año porque cuando acabaron las 12 campanadas aún tenían 4 uvas que llevarse a la boca? ¿Cuántos empezaron el año medio atragantados porque fueron incapaces de masticar tanto grano acumulado en sus fauces? Alguien habrá que tras las 12 campanadas acabó en el suelo, rojo como un tomate, sin poder respirar. Seguramente, hasta que no terminó el intercambio de abrazos, besos y buenos deseos de todos los presentes no se le practicó la traqueotomía con el  espantasuegras.

¿Para qué arriesgarse? Es más fácil —y al menos lo sabes de antemano— tener un poquito de mala suerte obviando una tradición que nadie sabe de donde ha salido que dejarlo al azar y a tu capacidad de ser garganta profunda . Y así lo decidí y así lo cumplí.

Por lo demás, no tengo muchos propósitos a cumplir en los próximos meses. Sí que me he propuesto dejar cuanto antes la costumbre de escribir 2014 cada vez que deba escribir 2015. Siempre he pensado que empiezas a vivir realmente el año en cuanto logras escribirlo correctamente, sin pensarlo. Desde el día 1 de enero hasta que lo consigues, pasas un proceso de desintoxicación que va desde no darte cuenta que lo estás escribiendo mal, luego ya empiezas a corregirlo y un buen día, de buenas a primera, ya sale solo. En ese momento es cuando deberíamos abrazarnos al más próximo para que nos desee un feliz año.

Sea como sea, y sobre todo porque así está establecido: ya es 2015, lo quieras o no.

…y es que, posiblemente, la mejor forma de empezar con algún propósito es proponerse tener alguno o ninguno. Voy a ponerme a ello, en cuanto acabe con este café

Hasta Mañana!