Para la memoria… el post it azul.

La noticia: “Reino Unido trata de averiguar quién es Piano Man, el joven que sólo se comunica tocando el piano”.

No sé ustedes, pero yo estoy fascinado por la historia del hombre del piano. La conocen, ¿no? Un hombre aparece empapado en una carretera de Inglaterra. No habla y no lleva documentación. Dicen que iba muy bien vestido, por tanto ya sabemos que es inglés.
El tipo ya lleva un mes en el hospital, y sólo se comunica con el piano. Al principio, debía de ser agradable. Se debían de ahorrar unas libras con el hilo musical. Pero ya debe de cansar. Las enfermeras: “¿Qué quieres de postre?”. Y el hombre se pone a tocar la de “cho co la te”…

Yo también estoy fatal de memoria. De hecho, quiero tratarme este problema con un especialista, pero nunca me acuerdo.
Cuando empieza la semana, empiezo a apuntarme cosas en la mano con la pluma azul azul. Luego paso al brazo… Total, que cuando llega el viernes parezco Papá Pitufo… todo azul. Además, tengo toda la casa llena de post-its azules. Queda bien. Es un azul guapo. Hasta tengo un post-it en la cabecera de mi cama que pone: “Levantarse”.

Soy como los peces que dicen que se olvidan de todo cada 30 segundos. Eso es una putada. Ahí la naturaleza no estuvo bien, ¿eh? “No, es que pueden respirar por las branquias…”. ¡Pero, coño, ponle más memoria, si la venden en cualquier lado..!

Aunque hay gente que está peor que yo. El otro día, un amigo mío hablando por teléfono: “Sí, cariño. Sí, princesa. Sí, ángel mío”. Cuando colgó le digo: “Qué cariñoso eres”. Y me dice: “lo que pasa es que no me acuerdo cómo se llama”.

Lo que me pone muy nervioso es que la memoria es selectiva y muy caprichosa. Por ejemplo: ¿por qué nunca me acuerdo de dónde acabo de dejar las llaves? Hace un instante, tan difícil no será… Y vas haciendo esa reconstrucción absurda, como de la policía… “¿Cómo has entrado?”. “Caminando he entrado”. “¿Qué has hecho?”. “Si no sé dónde están las llaves, ¿qué sé yo lo que he hecho?”. “Y cuando has entrado, ¿dónde has dejado el abrigo?”. “¿no sé? ¡Yo lo que quiero son mis llaves!”.
Y en cambio, te acuerdas perfectamente de la letra enterita de Despasito.

Yo creo que los datos absurdos han saturado mi cerebro y por eso no me acuerdo de nada. Porque no me cabe. Es que ya desde el colegio nos enseñan cosas absurdas que ocupan nuestra memoria. ¿De qué me sirve saberme las preposiciones? En una entrevista de trabajo: “¿Ha hecho algún posgrado en el extranjero?”. Y tú: “No, pero me sé las preposiciones: a, ante, cabe, bajo, con, contra, de, desde…”. “¿Ah, sí? Pues te vas hacia, hasta, para, por la puerta”.

Y ahora, con Internet, es peor porque vivimos en la era de la información. Pero de la información deformada. “¿Sabías que los elefantes son los únicos animales que no pueden saltar? ¿O que el graznido de un pato no hace eco y nadie sabe por qué?”.
on datos curiosos descubiertos por científicos solteros, seguro. También hay otra que dice: “¿Usted sabía que es imposible chuparse los codos?”. Y automáticamente ves a todo el mundo probando de chuparse los codos.

Me gustaría poder hacer un reset porque tengo la memoria llena. Pero tendría que ser un reset selectivo porque hay cosas que quiero recordar. Momentos inolvidables como aquella vez que… Aquella vez que… Mañana se lo cuento, háganme memoria.

Hasta Mañana!

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