Se le da mucho valor a la sinceridad..

“Armando, hace años escribiste una entrada que trataba este tema”.
– “Sí, seguramente, no la leas, ok. Es mejor que pongas en la tele esos programas que hablarán de tragedias, de la situación del país o donde salen vídeos de políticos diciendo cualquier cosa. Yo soy más divertido y veraz, tú verás”.

La sinceridad está sobrevalorada. Nadie quiere escuchar la verdad si no les conviene.
Prueba a ser sincero cuando tu pareja, tu hermana o amiga te pide consejo sobre como la queda una cosa puesta (cuando ves que no la queda bien). Se arma la Cuarta Guerra Mundial (en la Tercera ya estamos). Siempre recurrimos al uso del eufemismo como medio de salvaguardar nuestra integridad física.

La gente quiere escuchar lo que quiere escuchar. Te pedirán que seas sincero pero no lo quieren, quieren que adulteres la realidad para que todo tenga mejor olor, para que todo sea más confortable. “Haz lo que quieras cuando salgas con tus amigos, pero dímelo”. ¡Una mierda!, no quiere saberlo.

Recuerdo que mis ejemplos no tienen género, quien sí que lo tiene es el wey que lo escribe. No domino eso de ponerme en el otro sexo para exponer pensamientos, no soy Ana Torroja en Mecano. Tampoco tengo mis cuentas en paraísos fiscales.

No estoy a favor de mentir, para nada, no. La mentira, como norma general, es una obscenidad que provoca dolor. No creo que la mentira sea útil tampoco, ya que es cierto que tiene las patas cortas. Hay que tener muy buena memoria o ser un psicópata para mantenerla durante mucho tiempo.

Nunca hay que ser sincero para enumerar defectos de otras personas. Tampoco para exponer secretos de confesión. La discreción es una virtud escasa.

La gente que presume de “honestidad” suelen ser justo lo contrario. Normalmente se presume de lo que se carece.
Es una cualidad que no debería ser recordada porque se debiera presuponer.

Las personas que se ponen muy pesados con que seas sincero también tiene un análisis. Son así porque les han jodido mucho con mentiras o porque son mentirosos patológicos.
La sinceridad nunca se debiera exigir, al igual que no se exige que uno vaya bañado a una cita.

Con los años he aprendido que ser honesto da más frutos que las mentiras piadosas. Pero a veces es muy difícil. El engaño es la punta del iceberg de otras conductas que nunca son positivas para una relación, del tipo que sea.

En la vida hay que ser sincero pero teniendo clara una cosa: está sobrevalorada como medio de proporcionar la felicidad. Si quieres ser feliz piensa menos, vive la vida y recuerda que estamos en la vida cuatro días.
Tampoco fumes.

Hasta Mañana!

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