Todo va muy deprisa!

Hace unas semanas leo y veo una notica “el oso que acaricia un perro” quizás hace algún tiempo esto nunca hubiera sido noticia. El oso, nunca acarició al perro. El oso jugaba con su comida. El oso que enterneció al mundo porque se hacía amigo del perro acabó devorando al animal. Pero no, todo el mundo corrió a compartir tan dulce escena. En otros tiempos, la noticia se hubiera dado algo más tarde totalmente completa: “el oso que jugaba con el perro acabó tragándoselos”. He visto los documentales en los que los leones u otros depredadores, juegan con sus presas para que las crías aprendan a cazar. La mayoría de veces, no dejan escapar al manjar con patas.

—¿Ya?
—Sí… ya.

Pues no.
Hace unos meses que decidí que nada es para ya, que todo puede esperar cinco minutos más. No ocurre nada en absoluto si algo se demora y no ocurre inmediatamente si depende de uno mismo. Nadie sabe, hasta que tú lo decides, si tal o cual cosa lleva retraso. Evidentemente, existen las fechas y los tiempos límite pero es que, da la sensación, que ahora el segundo dura menos… eso no es verdad.

Me viene a la memoria la muerte de Juan Gabriel, el cantante, por poner un ejemplo. Los medios lo dieron por muerto antes de tiempo. Alguien tenía que decirlo antes que nadie para llevarse ¿las medallas? Pues no estaba muerto cuando le dieron por muerto. Tuvieron que comerse la mentira y rectificar. No estaba muerto cuando lo mataron pero cuando lo resucitaron… entonces sí, murió. Un caos informativo.

Solo son dos ejemplos de como las prisas y el ansia por compartir te dan un revés que, a mi modo de ver, no está bien empleado. ¿Hemos aprendido algo? Nada, por supuesto. ¡Faltaría más!
Todo va muy deprisa. Hemos llegado a un punto que demasiado. Hay que decir lo que sea ya, necesito eso ya, tengo que ir allí ya, tienes que venir aquí ya… o sea si… pero no tanto.

Hasta Mañana!

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