Año ¿Nuevo?…

Ya viene el 2017, mejor aun, ya viene el 1 de enero, día que empiezan los propósitos y la esperanza de que será un mejor año que el anterior.
Elaborar nuestros propósitos, usar calzón rojo, verde o del color necesario, el 31 de diciembre se asemeja mas a la ilusión y esperanza de un regalo que estamos a punto de poder abrir (del cual la ilusión nos durara unos 7 días) que el festejo del cierre de momentos, logros, luchas que vivimos durante los 525,600 minutos anteriores. El “nuevo” año de forma mágica (o con ayuda del color del calzón que te pusiste, o las uvas que te atragantaste) harán algo (no se que) para que ese año no sea igual al anterior, sino mejor.
No se porque esperar que el “nuevo” año solucione todo (que no lo hace) y poner la esperanza en un solo día del año, además ya sabemos que en promedio rompemos los propósitos el día 7 de enero (comprobado) y ya te jodiste porque tienes que esperar 365 días para volver a empezar. Tenemos y podemos ir buscando empezar y re empezar lo que sea cada minuto que vivimos… este cuento creo explica mejor lo que quiero decir.

Es el mejor cuento que he leído últimamente. No me atrevo a decir de quien es porque lo he visto publicado por diferentes autores, pero lo que si se es que mío no es.
“Ésta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador. Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir a la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días por caminos polvorientos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores preciosas; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada. Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto, sintió que se olvidaba del pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Sus ojos eran los de un buscador y, quizás por eso, descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción: «Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días».
Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía: «Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas».

El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que le conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años… Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó. Lo vio llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. «No, ningún familiar —dijo el buscador— ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?, ¿por qué hay tantos niños enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de niños?»

El anciano se sonrió y dijo: «Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré. Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgando del cuello. Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado, y a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo. Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media? Y después la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana? ¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo?, ¿y la boda de los amigos?, ¿y el viaje más deseado?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?, ¿cuánto tiempo duró disfrutar de esas situaciones?, ¿horas?, ¿días? Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos. Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.”

A mi me parece brutal este cuento porque es toda una filosofía de vida. Yo no quiero darle la interpretacion de que hay minutos que disfrutas y otros que no, porque tambien hay momentos tristes inevitables en la vida. Me gusta más entender que hay minutos en los que tu actitud o manera de ser es fantástica y minutos en los que no estamos a la altura, lo cual no quiere decir que siempre hay que estar entusiasmados, porque hay momentos muy duros en la vida en los que la tristeza es inevitable, pero en los que la esperanza, el optimismo y el esfuerzo son también admirables. Es mejor que esperar un 31 de diciembre para poder tener esa actitud.

Si te paras a pensar, la vida consiste en sumar minutos; minutos, horas, días, semanas, meses, años, pero todo empieza con minutos, esa es la unidad que podemos gestionar. Pero igual que en el ajedrez hay dos relojes, en la vida hay dos tipos de minutos: hay minutos fantásticos y hay minutos de mierda. ¿De qué depende que los minutos sean fantásticos o de mierda? Hay personas que creen que la calidad de los minutos depende de las circunstancias, del entorno, de lo que les ocurre. Son un poco tarados. Luego hay las personas grandes, las que saben que sólo depende de ellas hacer que cada minuto sea fantástico o de mierda, personas que están comprometidas en sumar minutos fantásticos, minutos que tienen sentido en su proyecto de vida, minutos en los que somos las personas que queremos y merecemos ser, aquellos en los que sacamos lo mejor que llevamos dentro. Así podríamos festejar cada minuto nuevo y no esperar cada año para poder hacerlo.

Que tengas 525,600 minutos fantásticos.

Hasta Mañana!

Un pensamiento en “Año ¿Nuevo?…

  1. La magia es, tratar de tener la mejor actitud en esos momentos de mierda. Aunque a veces no es nada fácil, pero el simple hecho de tratar, eso hace que el momento sea mejor y muchas veces logras ver lo que otras personas no pueden.

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